Ayudas a la navegación en la Prehistoria.

En el periodo prerromano los sistemas de ayuda a la navegación estaban basados en observar accidentes geográficos o marinos, los astros, el uso de animales, etc.

En primer lugar, recurrían a la observación de elementos como el viento, las nubes, las olas o las mareas. En diferentes latitudes se han utilizado estos métodos y, por ejemplo, en Polinesia se señalaba que el simple hecho de que apareciera una nube en mitad de océano era un indicio de tierra firme. En Europa es cierto que la presencia de nubes puede ser mucho más frecuente que en el caso anterior, pero pudo haber servido a nuestros pueblos navegantes que se adentraron en derroteros atlánticos en busca de las islas Azores o Canarias. Mediante una transmisión oral de los conocimientos náuticos a través de diferentes y sucesivas generaciones, bien sea observando las nubes, la dirección y velocidad del viento o de las olas o sintiendo la marea, nuestros navegantes prehistóricos pudieron perfectamente aventurarse a emprender travesía en alta mar.

En segundo lugar, hay que considerar el conocimiento y uso de elementos como la posición de los astros, el Sol y la Luna: referencias claras para determinar la posición Este y Oeste durante el amanecer y el atardecer, respectivamente, o el Norte a través de la estrella Polar.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta el uso de los animales para la orientación marítima por parte de diferentes culturas. Algunos navegantes del Norte de Europa observaban sus reacciones o llevaban a bordo una serie de aves para este cometido y su uso podía ser múltiple. Por regla general, divisar aves sobrevolando la zona de navegación puede ser indicador de la proximidad de la costa; las aves migratorias, conocidas las especies y épocas del año, pueden ser de ayuda para determinar el rumbo y, finalmente se ha documentado la presencia de determinadas aves como las palomas o animales domésticos como auxiliares de los navegantes.

El investigador Luzón Nogué ha llamado la atención en un artículo en la revista «Lucentum» de un hallazgo arqueológico, un barco votivo de terracota,  encontrado en Creta en el que aparecen ocho figuras dentro de una embarcación en animado movimiento, o quizás en estado de excitación o ansiedad, de las que una hace el gesto inconfundible de escudriñar el horizonte y también, pueden verse, posadas en la borda de la embarcación dos aves, en una clara alusión a este sistema de buscar tierra desde el mar, tal como se aprecia en la ilustración adjunta.

Barco votivo

 

 

 

 

 

 

 

 

Barco votivo de terracota.

Podemos encontrar también numerosas referencias literarias a este sistema de orientación.

El uso de animales en las embarcaciones se menciona en una fuente literaria como el «Poema de Gilgamesh, Tablilla XI, 135-160» basado en poemas acadios que toman forma en el segundo milenio antes de nuestra era y que tienen raíz en versiones no conocidas, pero de mayor antigüedad. Uno de los relatos narra una epopeya referida al diluvio del que Utanapíshtim se salva construyendo una nave siguiendo los consejos de los dioses. La parte que nos interesa es aquella en que, después de hacer subir a bordo animales y artesanos de todas clases y sufrir un pavoroso temporal que lo aparta de cualquier tierra visible, al final la nave queda encallada en la cima del monte Nisir y, desde allí, el héroe empieza a buscar tierra, más allá de lo que sus ojos alcanzan a ver, soltando pájaros diversos y observando su comportamiento. Cuando, finalmente, uno de ellos no regresa, muestra su júbilo liberando las restantes aves que lleva a bordo y ofreciendo los pertinentes sacrificios.

“Llegado el séptimo día, se aplacaron la tempestad, el diluvio (…)

El mar se apaciguó, el viento Imhullu se silenció, el diluvió se acabó

yo vi el mar: el silencio era total (…)

En el monte Nihir se varó el arca

uno o dos días retuvo así el arca sin dejarla partir (…)

hasta que llegó el séptimo día

saqué y solté una paloma.

Se fue la paloma y regresó,

pues no alcanzó tierra en que posarse.

Saqué y solté una golondrina,

se fue la golondrina y regresó,

pues no alcanzó tierra en que posarse.

Saqué y solté un cuervo,

se fue el cuervo y vio retirarse el agua,

picoteó, rascó la tierra, alzó la cola y no volvió.

Hice salir a todos a los cuatro vientos y ofrecí un sacrificio”.

Otra versión del Diluvio, en la que se hace mención expresa de un barco y de la utilización de aves para la localización de tierra, la tenemos en el conocido texto de Noé. Según el relato bíblico recogido en el «Génesis, VIII, 1-19», Noé, al no ver tierra desde el Arca, suelta primero un cuervo y más tarde una paloma todo ello con resultados prácticamente idénticos al texto anterior. Puede deducirse, por lo tanto, una antigua forma de navegación, claramente diferente a navegaciones fluviales y que cabría situar en la zona del Mar Rojo o Mar Arábigo.

1 Y se acordó Dios de Noé y de todas las bestias y de todo el ganado que estaban con él en el arca; y Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y decrecieron las aguas. 2 Y se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y se detuvo la lluvia del cielo. 3 Las aguas bajaron gradualmente de sobre la tierra, y al cabo de ciento cincuenta días, las aguas habían decrecido. 4 Y en el mes séptimo, el día diecisiete del mes, el arca descansó sobre los montes de Ararat. 5 Las aguas fueron decreciendo paulatinamente hasta el mes décimo; y el día primero del mes décimo, se vieron las cimas de los montes. 6 Y aconteció que, al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana del arca que él había hecho, 7 y envió un cuervo, que estuvo yendo y viniendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. 8 Después envió una paloma para ver si las aguas habían disminuido sobre la superficie de la tierra, 9 pero la paloma no encontró lugar donde posarse, de modo que volvió a él, al arca, porque las aguas estaban sobre la superficie de toda la tierra. Entonces extendió su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. 10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma desde el arca. 11 Y hacia el atardecer la paloma regresó a él, y he aquí, en su pico traía una hoja de olivo recién arrancada. Entonces Noé comprendió que las aguas habían disminuido sobre la tierra. 12 Esperó aún otros siete días, y envió la paloma, pero ya no volvió más a él. 13 Y aconteció que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero, el día primero del mes, se secaron las aguas sobre la tierra. Entonces Noé quitó la cubierta del arca y miró, y he aquí, estaba seca la superficie de la tierra. 14 Y en el mes segundo, el día veintisiete del mes, estaba seca la tierra. 15 Entonces habló Dios a Noé, diciendo: 16 Sal del arca tú, y contigo tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos. 17 Saca contigo todo ser viviente de toda carne que está contigo: aves, ganados y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, para que se reproduzcan en abundancia sobre la tierra, y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra. 18 Salió, pues, Noé, y con él sus hijos y su mujer y las mujeres de sus hijos. 19 Y todas las bestias, todos los reptiles, todas las aves y todo lo que se mueve sobre la tierra, salieron del arca según sus familias.

Otras culturas como la griega también hacen alusión a diluvios y suelta de aves desde el barco.

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